Psicóloga Psicoterapeuta Coach En proceso continuo de aprendizaje y desarrollo

eneagrama

Encuentro con uno mismo.

“No podemos conocer a nadie a menos que nos conozcamos a nosotros mismos y viceversa”.Dos caras de la misma moneda.

El Eneagrama es el mapa de la naturaleza humana. Aunque es antiguo, es increíblemente contemporaneo porque la naturaleza humana no ha cambiado. Ha sido mantenido vivo por que ha funcionado.

A todos nos mueve un profundo desasosiego interior, que tal vez experimentamos como una sensación de que nos falta algo, aunque es difícil definir qué es exactamente. Tenemos todo tipo de ideas sobre lo que creemos que necesitamos o deseamos: una relación mejor, un trabajo mejor, un físico mejor, un coche mejor, etcétera. Creemos que si adquirimos esa relación perfecta o ese trabajo perfecto o ese «juguete» nuevo desaparecerá el desasosiego y nos sentiremos satisfechos y completos. Pero la experiencia nos enseña que el coche nuevo sólo nos hace sentir mejor durante un tiempo. La nueva relación puede ser maravillosa, pero jamás nos llenará totalmente del modo que creíamos que lo haría.

¿Qué es, pues, lo que buscamos en realidad? Si reflexionáramos un momento podríamos comprender que lo que anhelan nuestros corazones es saber quiénes somos y para qué estamos aquí pero pocas cosas en nuestra cultura nos animan a buscar respuestas a estas importantes preguntas. Se nos ha enseñado que la calidad de nuestra vida mejorará principalmente si mejora nuestra fortuna externa, aunque tarde o temprano comprendemos que las cosas externas, si bien valiosas, no sirven para tratar la inquietud profunda de nuestra alma. Así pues, ¿dónde buscar respuestas? Muchos de los libros actuales sobre transformación personal hablan conmovedoramente sobre el tipo de persona que todos desearíamos ser. Reconocen la importancia fundamental de la comprensión, la compasión, la comunidad, la comunicación y la creatividad; pero por hermosas y atractivas que sean estas cualidades, nos resulta extraordinariamente difícil mantenerlas o ponerlas en práctica en nuestra vida cotidiana. Nuestros corazones ansían que volemos muy alto y, sin embargo, casi siempre caemos, para estrellarnos con dolor contra las rocas del miedo, los hábitos contraproducentes y la ignorancia. Con demasiada frecuencia las buenas intenciones y los nobles deseos se convierten en nuevas causas de desilusión. Entonces nos desanimamos, volvemos a nuestras distracciones conocidas y tratamos de olvidar todo el asunto.

¿Están equivocados o mal orientados la mayoría de los libros de divulgación de psicología? ¿Somos los seres humanos incapaces de vivir vidas más completas y gratificantes? A lo largo de la historia, los grandes maestros espirituales y morales han insistido siempre en que tenemos la capacidad para lograr la grandeza, que somos, de hecho, criaturas divinas en un sentido bastante real. ¿Entonces por qué nos cuesta tanto reconocer este estado y vivir de acuerdo a él? Nuestra opinión es que la mayoría de los libros de autoayuda no están por fuerza equivocados, sino que sencillamente son incompletos. Por ejemplo, en el caso de un tema tan elemental como el del peso podría haber muchos motivos para que una persona tuviera problemas de obesidad o con la comida: sensibilidad al azúcar, excesiva cantidad de grasa en la dieta, necesidad de comer para reprimir la ansiedad, o cualquier otro problema emocional o afectivo. Sin identificar los problemas esenciales concretos que causan la obesidad no hay solución posible, por grandes que sean los esfuerzos. Por lo general, las recomendaciones de los libros de autoayuda se basan en métodos que han dado buenos resultados al autor o la autora personalmente, y reflejan su configuración psíquica y sus procesos personales. Si ocurre que un lector tiene una configuración similar, el método tal vez le resulte eficaz. Pero si es poca la similitud, los consejos pueden confundir más que ayudar al lector. Cualquier método eficaz para crecer debe, por lo tanto, tomar en cuenta el hecho de que hay tipos diferentes de personas, tipos diferentes de personalidad.

A lo largo de la historia se han propuesto muchos sistemas psicológicos y espirituales para tratar o explorar este conocimiento esencial: la astrología, la numerología, los cuatro temperamentos clásicos (flemático, colérico, melancólico y sanguíneo), la teoría de los tipos de personalidad de Jung (orientación hacia la extraversión o la introversión, y funciones de intuición, sensación, sentimiento y pensamiento) y muchos otros. Además, estudios recientes sobre el desarrollo del niño y de la ciencia del cerebro han indicado que las diferencias fundamentales de temperamento entre distintos tipos de personas tienen una base biológica.

Esta diversidad explica por qué un consejo bueno para una persona puede ser desastroso para otra. Decirle a algunos tipos que deben centrarse más en sus sentimientos es como arrojar agua a un hombre que se está ahogando. Decir a otros que necesitan hacerse valer más es tan tonto como poner en estricto régimen dietético a una persona anoréxica. Al comprendernos a nosotros mismos y comprender nuestras relaciones, nuestro crecimiento espiritual y muchos otros asuntos importantes, veremos que el factor esencial es el tipo, no las diferencias de sexo, ni las culturales ni las generacionales.

Creemos que el conocimiento de los tipos de personalidad es necesario en muchos ámbitos: en educación, en las ciencias, en los negocios, la literatura, la terapia y, por encima de todo, en la espiritualidad y el trabajo de transformación. Si bien nuestras inquietudes pueden ser universales, la forma de expresarlas es mucho más particular; de hecho, está en función del «filtro» con el cual abordamos la vida. El principal filtro que empleamos para comprendernos a nosotros mismos y comprender el mundo que nos rodea, para expresarnos, para defendernos, para hacer frente al pasado y anticiparnos al futuro, para aprender, para disfrutar y para enamorarnos, es nuestro tipo de personalidad.

¿Y si existiera un sistema que nos capacitara para adquirir más conocimiento sobre nosotros mismos y los demás? ¿Y si ese sistema nos sirviera para distinguir con más claridad nuestros filtros y tomarlos debidamente en cuenta? ¿Y si este sistema nos mostrara nuestros problemas psicológicos esenciales a la vez que nuestras fuerzas y debilidades en las relaciones interpersonales? ¿Y si este sistema no dependiera de las opiniones de especialistas o gurús, ni de la fecha de nacimiento, ni del orden de nacimiento, sino de nuestros rasgos de personalidad y nuestra disposición a explorarnos con sinceridad? ¿Y si este sistema no sólo nos mostrara nuestros problemas esenciales sino también nos indicara la manera de hacerles frente o tratarlos? ¿Y si este sistema también nos dirigiera hacia las profundidades de nuestra alma? Este sistema existe, y se llama Eneagrama.

Los tres elementos básicos necesarios para el trabajo de transformación son la presencia (presencia mental, percepción consciente), la práctica de la autoobservación (adquirida del conocimiento de uno mismo) y la comprensión de lo que se experimenta (interpretación correcta proporcionada por un contexto mayor como una comunidad o sistema espiritual).

El término Eneagrama se deriva de la palabra griega eneas que significa nueve, y grama: puntos. Nueve puntos de una circunferencia perfecta que quiere representar la totalidad del ser. Cada uno de los nueve puntos representa una manifestación concreta y parcial de ese ser total. Adentrarse en el conocimiento del Eneagrama es adentrarse en el propio conocimiento interior. Es llegar dentro de uno mismo, descubrir y desvelar obstáculos y resistencias que uno mismo se pone para poder vivir mas plena y autenticamente. El objetivo es el propio conocimiento, cambiar o sanar lo que se necesite y estar lo mas posible conectado a nuestra experiencia. No sólo establece una tipología de personalidades sino que describe métodos de salida y evolución, tanto en el sentido del crecimiento del sujeto como en forma de advertencia en tiempos de crisis personal. Nos vamos a autoobservar objetivamente y descubrir la dualidad :YO ESENCIAL (cualidad vivida en el centro, en su justa medida) y EGO (exageración o distorsión de esa misma cualidad vivida descentradamente y que oculta la verdadera esencia. Si lucho contra mi ego se agranda).

El actual Eneagrama de los tipos de personalidad es un amalgama moderna proveniente de varias tradiciones de sabiduría antigua combinadas con la psicología moderna. Uno de los grandes valores del eneagrama es que se mantiene al margen de todas las diferencias doctrinales. Ha servido a personas de prácticamente todos los principales credos religiosos para redescubrir su unidad fundamental como seres espirituales. El eneagrama tiene, por lo tanto, un inmenso valor en el mundo actual, para enseñar a blancos y negros, hombres y mujeres, católicos y protestantes, árabes y judíos, heterosexuales y homosexuales, ricos y pobres, que si buscan más allá de las diferencias superficiales que los separan encontrarán un plano totalmente nuevo de humanidad común.

El Eneatipo es la parte que nos frena nuestro desarrollo, nuestro crecimiento personal, espiritual y humano. Es el que nos indica donde estamos atrapados y nos hace encasillarnos. El eneagrama nos permite el conocimiento del propio programa, la identificación de los propios limites para permitir la expansión de la conciencia. Es como un mapa que nos enseña las rutas. Nos sirve para establecer una relación empática con los demás e integrar Corazón (emociones), Cabeza (pensamientos) y Vísceras (actos). Nos muestra las máscaras y defensas que hemos ido creando a lo largo de los años como modo de adaptarnos a lo que el medio nos presentaba. Nos va a dar distintos caminos para salir de nuestro eneatipo, de la parte que nos tiene atrapados.

No es un instrumento para cambiar sino para darse cuenta. Es una llave para salir de nuestra propia cárcel. Nunca tiremos esa llave, lo importante es que haya algo que nos haga salir de nuestra celda, que nos haga tomar el aire, refrescar nuestro interior, nuestros apegos, nuestras limitaciones. Somos personas, no números. Utilizaremos esta herramienta como trampolín de crecimiento a través de la observación y de nuestras pasiones y sombras (neurosis). Afrontar nuestros problemas y profundizar en el autoconocimiento. Equilibrar los aspectos de nuestros sistemas de Energía y descubrir cuales son nuestras necesidades humanas y como alcanzar un sentido de Plenitud a través de la Empatía, Amor y Espiritualidad. A partir de este autoconocimiento, es posible encarar el proceso de crecimiento comprendiendo los aspectos personales a potenciar y sabiendo evitar los peligros de dejarse influir por los factores negativos que acechan a cada tipo. Conociendo nuestro perfil psicológico(virtudes, flaquezas y potencialidades) tendremos pautas con respecto a lo que debemos buscar y evitar y de ese modo lograr una mayor integración.

Como hemos reiterado varias veces, en nuestro lenguaje hablamos de salud, de su potencial, su capacidad para abordar, normalizar y resolver los procesos que han generado las disfunciones que nos disminuyen nuestro nivel de salud. Hablamos de estar mas o menos sanos, no de estar enfermos. Pensamos que es un concepto escluyente y psicosomáticamente negativo poner enfasis en la enfermedad . Irremediablemente, puesto que estamos relacionados con un entorno conservacionista, donde el sintoma prevalece a la hora del diagnóstico, hemos de contemplar la vision de estos valores. Abordamos el Ego(exageración o distorsión de esencia vivida descentradamente ) y la Personalidad. En el lenguaje de la medicina se habla de patologías. La perspectiva psiquiátrica nos ha invitado a pensar no tanto en maldades o conductas destructivas como en disfunciones, confusiones o desviaciones de los impulsos. La diferencia entre pecados y patologías es, sin embargo, el locus de la responsabilidad: en tanto que “pecado” acusa, responsabilizando al individuo, “patología” excusa, responsabilizando a causas pasadas o presentes más allá del indiviuo mismo. De las patologías mentales e impersonales somos víctimas, de los pecados somos responsables. Obviamente, cada una de las perspectivas tiene su utilidad y ambas se complementan, pues somos a la vez seres físicos instalados en un universo causal y seres más animales a quienes un destello de libertad hace responsables. Pecado-malos pensamientos-pensamientos apasionados. Aunque parecería que la comprensión viviente de los pecados capitales se hubiese ido perdiendo en el seno del cristianismo, hemos visto en el mundo de la psicología reactivarse el interés y visión de estados anímicos disfuncionales. Ya Freud basaba la idea fundamental de la neurosis en la psicología del insconsciente. Inconsciencia, es decir, voluntad de no saber. Hoy en dia se ha llegado a reconocer el rol fundamental en el camino de transformacion del percatarse a todos los niveles, desde lo corporal, pasando por la conducta (particularmente la conducta impersonal) a lo emocional, al pensamiento y aún a esa conciencia de la conciencia misma que se subraya en las tradiciones espirituales.

La teoría de la neurosis de Freud esencialmente tiene la angustia como eje, de modo que se puede definir una conducta como neurótica cuando significa una expresión de algo motivado por la angustia. La corriente existencial de la psicoterapia, por otra parte, se apoya en su visión de la neurosis como una pérdida de la autenticidad. Difícilmente son separables estos dos puntos de vista, sin embargo, ya que no habría motivación de enmascaramiento si no se quisiese a través de ello huir de la angustia, y difícilmente puede el miedo no ser acompañado de una traición a sí mismo, es decir, una pérdida de autenticidad. Esta relación recibe reconocimiento en la representación de miedo y falsedad como puntos simétricos que en el eneagrama están unidos por una línea. La visión de la «anatomía de la neurosis» que nos presenta el eneagrama es una en que se puede decir como de igualmente destacada importancia el miedo de los Freudianos y la «mentira» de los antiguos rabinos; la inhibición angustiosa y la falsificación de sí mismo, inautenticidad o vanidad. Pero estos dos pilares de la neurosis —el miedo y la inautenticidad— se entienden según el eneagrama como componentes de una tríada. Una tercera piedra angular en el edificio de la neurosis —ya lo hemos visto— es una pereza de la conciencia, una inercia cognitiva: pereza acidiosa. Llamarla, siguiendo a Gurdjieff «demonio del autoapaciguamiento» tiene la virtud de responsabilizar a la persona de su inconciencia. La pereza de la conciencia puede expresarse tanto como pereza espiritual o, más ampliamente, como una pereza psicológica: un no querer saber lo que pasa, no querer enterarse. Se expresa como una distracción crónica de sí mismo, acompañada a su vez por una atención exagerada al mundo exterior. Una posición acidiosa ante la vida es la de una psiquis pesada o excesivamente inerte, sobre-estable; su pérdida de sutileza y espontaneidad culmina en la robotización. En el plano de la conducta resulta esa falta de interioridad en una excesiva inercia, flema o pasividad; en lo más íntimo, junto con el olvido de sí, una pérdida de vida. Estas son, pues, las tres piedras angulares en la estructura del ego o personalidad: el miedo, la vanidad y la pereza o inercia de la conciencia, presentándolo como una pérdida de interioridad. El círculo vicioso de los tres constituye una teoría dinámica de la neurosis. «Dinámica» por cuanto que cada una de estas entidades constituye un foco energético del cual procede un cierto tipo de acción, y también por cuanto la tripartita teoría incluye la visión metadinámica: una dinámica de transformación recíproca entre las tres motivaciones neuróticas básicas. Espero que para otros sea, como es para mí, inspiradora esta visión de la neurosis, que implica visión «terapéutica» en el amplio sentido de constituir una concepción del proceso de liberación: se trata de un proceso de toma de conciencia, que va aparejado a un desenmascararse frente a los demás, a una superación de inhibiciones y una relativa trascendencia del miedo.

Más generalmente, un psicoterapeuta que llegue a conocer el eneagrama difícilmente podrá sustraerse a una contemplación del proceso terapéutico como un movimiento a contra-corriente con respecto a cada una de las nueve pasiones. Es en términos de conducta que se plantean, típicamente, las descripciones científicas de las aberraciones psicológicas, y los diversos síndromes de la psiquiatría y de la psicología no son otra cosa que la expresión exagerada de una serie de estilos de personalidad que se centran en una u otra de las pasiones. Aunque las patologías del carácter no sean sino las manifestaciones más problemáticas de rasgos caracterológicos que se consideran normales, es también cierto que lo «normal» es sólo en menor medida «enfermo» (o si preferimos el lenguaje religioso «pecaminoso») y por serlo así el conocimiento de las patologías reviste el interés particular de hacernos más visible nuestra «sombra» a través de su exageración.

Esencia como cualidad vivida en el centro, en su justa medida. Sea cual sea el tipo al que pertenezcas, hasta cierto punto tienes en ti los nueve tipos. Explorarlos todos y verlos todos actuando en uno es ver el espectro completo de la naturaleza humana. Este conocimiento te dará mucha más comprensión y compasión por los demás, porque reconocerás en ti muchos aspectos de sus hábitos y reacciones particulares. Es mucho más difícil condenar la agresividad de los Ocho o la disfrazada desvalidez de los Dos, por ejemplo, si reconocemos la agresividad y la desvalidez en nosotros mismos. Si exploras los nueve tipos en ti, verás lo interdependientes que son, tal como los representa el símbolo del eneagrama.

El símbolo del eneagrama tiene tres partes: El círculo: mándala universal usado en casi todas las culturas. Representa unidad, totalidad y la unicidad y simboliza la idea que Dios es uno, la característica de las principales religiones occidentales. Él triangulo: En la tradición cristiana representa la Trinidad En la Cábala, enseñanza esotérica del judaísmo, afirma que dios se manifiesta en forma de tres emanaciones o esferas, las sefirot (Keter, Biná y Jojmá). En otras religiones también vemos reflejos de esta idea trinitaria. La hexada: La figura que cuyos trazos siguen los números 1-4-2-8-5-7. Esta figura simboliza la Ley de Siete que tiene que ver con el proceso y desarrollo del tiempo. Todo cambia se recicla y evoluciona. Uniendo estos tres elementos obtenemos el eneagrama. Es un símbolo que representa la integridad de una cosa (el círculo), cómo su identidad resulta de la interacción de tres fuerzas (triangulo) y como evoluciona y cambia con el tiempo (el hexada).

Prestar atencion a la llave que abre el conocimiento, que permite interaccionar con el mundo que te rodea. Autobservación, autoconocimiento como llave del conocimiento tambien del otro. Poner enfasis en la normalidad como sano, prestar atencion a estos aspectos en lugar de prestar atencion a lo negativo. El tomar conciencia de nuestra esencia como un todo, donde los puntos son inseparables e interacciones de forma estrecha.

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